
Música y Nacionalismo
Kristina Nielsen / Jessie M. Vallejo
Este artículo ofrece una visión general del nacionalismo en contextos musicales.
Activism / Immigration / Music Notes / Nationalism / Politics / Global
Nacionalismo: El concepto de que los pueblos, los territorios y las culturas se dividen en naciones, las cuales constituyen un componente central de la identidad de los ciudadanos.
El concepto moderno del nacionalismo se desarrolló en Europa Occidental durante el ambiente revolucionario a finales del siglo XVIII. Durante esta época, el estado-nación se convirtió cada vez más en el elemento central para definir los territorios y los pueblos que los habitaban.See footnote
El nacionalismo busca homogeneizar y unificar a aquellos individuos que habitan un territorio, frecuentemente antagonizando a individuos que no se ajustan a las expectativas sociopolíticas y culturales dentro de sus fronteras y que, por lo tanto, son considerados una amenaza a la unidad dentro de la percepción de la identidad nacional.
Los movimientos nacionalistas durante el siglo XIX buscaban crear y promover música con el fin de reflejar el ideal de la nación deseada. Este imperativo surgió a medida que las naciones europeas continuaban definiéndose en contraste con otras naciones y el creciente número de colonias. Los compositores nacionalistas europeos emplearon frecuentemente rasgos melódicos y rítmicos considerados particularmente indicativos de estilos nacionales. Dado que la música es un medio simbólico, el significado de estos ritmos y de estas melodías se estableció culturalmente: los propios oyentes y compositores se educaban para escuchar ciertas características como nacionalistas, desarrollando dichos elementos como símbolos de nacionalismo (Beckerman 1986:73). Muchos compositores nacionalistas durante los siglos XIX y XX hasta el día presente tomaron del folclor cultural y la música de todos los territorios y pueblos subsumidos en naciones. Estas colecciones folclóricas se presentan como una herencia nacional compartida o cultura folclórica nacionalista. En muchos casos, estos proyectos pretendían “salvar” o “preservar” la cultura, a menudo anotando versiones de tradiciones orales y convirtiéndolas en forma escrita, cementándolas efectivamente en una única versión oficial. Los libros de música y los medios de comunicación como la radio, las grabaciones y las películas, ayudaban a propagar una cultura nacional compartida que buscaba cultivar la identidad nacional como una fuerza dominante en la vida de los ciudadanos (véase Anderson 1983; Boyes 2010).
En territorios que fueron colonias, el nacionalismo refleja una combinación complicada tanto de liberación como de la continuación de las estructuras coloniales de poder. Con el advenimiento de los movimientos de independencia, los territorios que previamente eran colonias de naciones europeas han buscado crear su propia identidad nacional, incluida una identidad musical. Para ello, siguiendo el modelo de las naciones europeas que se basan en la cultura del “pueblo imaginado,” o en las comunidades consideradas como preservadoras de los estratos más antiguos de la cultura, muchos países se han apropiado de esta música como una fuente de patrimonio musical nacional. En países como México, Perú y Ecuador, la música de las comunidades indígenas – muchas de las cuales permanecen cautelosas con los gobiernos estatales debido a la historia de genocidio—ha sido cooptada en los proyectos de construcción nacional del indigenismo en el siglo XX.See footnote
Un ejemplo famoso es “El Cóndor Pasa”, una pieza extraída de la zarzuela (opereta) del mismo título, compuesta por el compositor y etnomusicólogo peruano Daniel Alomía Robles en 1913. Esfuerzos similares se han llevado a cabo en los países africanos en donde las organizaciones gubernamentales han estado a cargo de funciones significativas en el diseño de una cultura nacional compartida en la segunda mitad del siglo XX, cuando muchas naciones africanas obtuvieron su independencia. En países como Ghana, las organizaciones gubernamentales han apoyado las presentaciones de diferentes grupos étnicos que representan las culturas a través de sus territorios (Agawu 2003:19). Estos esfuerzos enfrentan los desafíos de la representación: ¿Qué tipo de música representa a las naciones constituidas por diversas comunidades, que frecuentemente hablan muchos idiomas diferentes? ¿Quién tiene el poder de decidir?
Estados coloniales de asentamiento – aquellos cuya población dominante desciende de colonizadores que oprimieron a las comunidades indígenas mediante actos de genocidio, despojo sistemático de territorios y represión cultural – también han utilizado la música para definirse a sí mismos. En dichos estados-nación o colonias de asentamiento, incluyendo a Estados Unidos, Canadá, Australia y Sudáfrica, se pueden reconocer algunas diferencias entre los grupos de personas cuando estas diferencias no desafían la retórica nacionalista. Sin embargo, generalmente exigen la asimilación y simultáneamente dependen de la pérdida de territorios, idiomas y prácticas culturales de las sociedades nativas (Simpson 2014; Wolfe 2006).
Figuras políticas y socialeshan exhibido – y en varios casos, han tergiversado – los estilos musicales y las danzas que, según ellos, deberían celebrarse como “raíces” musicales que representan su idea de nación. Por ejemplo, la música country, conocida como “old-time y country” de los Apalaches en Estados Unidos, se ha descrito mayoritariamente como música angloamericana y euroamericana; las raíces africanas y negras de estos estilos musicales fueron minimizadas y borradas intencionalmente, en parte mediante los esfuerzos de angloamericanos adinerados como Henry Ford (véase Brucher 2016).
Entonces, ¿en qué forma responden las comunidades y los músicos a naciones e ideas de estilos musicales nacionales cuando los propios músicos frecuentemente se encuentran sistemáticamente excluidos? En algunos casos, la gente presiona por inclusión y reconocimiento, encontrando espacios para que las identidades marginadas se vean y se escuchen como parte de un patrimonio nacional. Este enfoque se podría observar cuando la letra de un himno nacional incluye varios idiomas; por ejemplo, Sudáfrica modificó su himno nacional tras el apartheid con el fin de reflejar los ideales inclusivos de una nueva era (véase el ejemplo a continuación). La investigación y el estudio académico también han desempeñado un papel importante en la rectificación de las historias que han marginado a las comunidades (véase Hay 2003; Flemons 2018; Our Native Daughters 2019). Otro ejemplo es la música mariachi, la cual se ha adoptado como representante de las culturas mexicanas y latinoamericanas en Estados Unidos y en el currículo musical de las escuelas públicas. Al mismo tiempo, también se puede entender como un elemento vital de las tradiciones musicales en Estados Unidos dada su significancia dentro de la actualidad (véase Salazar 2011; Sheehy 2006).
En otros casos, varios grupos socioeconómicos de diversas razas y etnias dentro de una nación podrían disentir, redefinir o crear sus propias definiciones de su música nacional (Wong 2012). Si bien se puede asumir que ser parte de una nación es o debería ser un objetivo final para quienes son marginados y buscan los beneficios de una ciudadanía, existen contextos en los cuales podría preferirse rechazar la membresía de una nación con el fin de abogar por la soberanía de otro grupo identitario. La música, junto con otras prácticas de identidad cultural como el idioma y la danza, ha sido frecuentemente crucial para que los pueblos resistan o rechacen una identidad nacionalista durante los siglos XX y XXI, como es el caso de las canciones de protesta durante el Segundo Movimiento del Renacimiento Hawaiano y el renovado interés en el idioma, canto y danza hawaianas (Lewis 1987; Stillman 1995:4-5).
En resumen, aunque el nacionalismo en su forma actual es un fenómeno relativamente reciente que comenzó entre las naciones coloniales europeas, hoy en día el nacionalismo estructura las presunciones sobre cómo se organizan los seres humanos, las culturas y la música. Si bien la música puede crear afinidad en las naciones, el nacionalismo musical lo logra excluyendo a otros – frecuentemente borrando a las comunidades y sus prácticas.
Note: este capítulo va acompañado de una lista de reproducción auditiva que incluye comentarios
Agawu, Kofi. 2003. Representing African Music: Postcolonial Notes, Queries, Positions. New York: Routledge.
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Un estado-nación se define como una entidad en la que la mayoría de los ciudadanos se identifican culturalmente entre sí; es donde se conserva la autonomía de un territorio correspondiente, habitado por quienes se identifican como sus ciudadanos.
El indigenismo es una estrategia política para cooptar la cultura indígena convirtiéndola en estados-nación, a la vez excluyendo a los pueblos indígenas.
Kristina F. Nielsen is an associate professor at Southern Methodist University in Dallas, Texas. Her research explores the roles of music and dance in Indigenous revitalization movements.

Jessie M. Vallejo, PhD, is an ethnomusicologist, violinist, and mariachi musician who is a member of the Cal Poly Pomona Music Department. Her research focuses on musical projects of sociocultural and linguistic revitalization, mariachi music, and grief.
